Terminar una relación sentimental cuando la pareja contrajo matrimonio en régimen de sociedad de gananciales conlleva tener que realizar un reparto equánime de todos los bienes y derechos que la pareja ha ido acumulando hasta ese momento, pero también el de las deudas y obligaciones contraídas.

No solo se cuentan el propio valor de los bienes que hubieran adquirido ese tiempo sino también el de sus  frutos e intereses.

Otro punto en conflicto es cómo se valoran y hasta qué fecha, tanto los rendimientos y frutos como los gastos que se obtuvieron de una clínica privada privada, creada y gestionada por uno de ellos estando ya casados.

Al romperse la relación afectiva, y desde la fecha del divorcio y hasta que se liquide la sociedad de gananciales ¿qué ocurre con los ingresos percibidos por los rendimientos de esta actividad?.

Una sentencia del Tribunal Supremo (nº 603/2017, de 10 de noviembre, recurso nº 1155/2015) ha resuelto cómo considerar, en primer lugar, a los ingresos obtenidos por el marido dese la fecha de la disolución de la sociedad y hasta la liquidación de la sociedad de gananciales.

A estos los otorga una naturaleza de privativa a favor de aquél.

En cuanto a los rendimientos de la clínica, estos son comunes, y se declaran a favor de la sociedad de gananciales al liquidarse la sociedad.

La Clínica por tanto es de naturaleza ganancial, por ello también tienen esta consideración los rendimientos o frutos de la clínica.

¿Y los gastos de la clínica, qué son comunes o privativos del titular de la clínica?

Los gastos que tenga el negocio que continua abierto al público serán también comunes a pagar por los dos, o de naturaleza ganancial.

Diferente cuestión es desde qué momento dejan de ser comunes los derechos y obligaciones derivados del régimen de gananciales sobre la clínica.

En este punto, la fecha de la liquidación de la sociedad de gananciales es la fecha límite para incluir unos y otros en el activo o haber y pasivo o debe de la sociedad de gananciales.

Igualmente los rendimientos que deben tenerse  en cuenta para hacer un correcto reparto entre las dos partes, deben ser netos (obtenidos una vez deducidas los costes de producción).

En este sentido ya se pronunció la sentencia del Tribunal Supremo de 10 de noviembre, nº 838/1988.

En otro caso, de contarse los rendimientos brutos, se beneficiaría injustamente al otro miembro de la pareja.

No cabe reconocer unos ingresos mayores a los reales, después de descontar los gastos que el dueño de la clínica ha tenido que sufragar para que esta funcione (personal, material, suministros, renta de alquiler en su caso, cuota de hipoteca, etc…).

La sentencia, para llegar a esta conclusión, hace una interpretación conjunta de los artículos 1.408 y 1.410, 760, 1.063 y 1.533 del código civil.